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Itinerarios e investigación
La Ontología Trinitaria ofrece el horizonte de encuentro y el objeto formal con el que profundizar el valor de la historia y del ejercicio de la inteligencia teológica, filosófica y científica, en diálogo con el misterio del S/ser, en la pluriformidad de sus declinaciones.
Respuestas a las preguntas más frecuentes
¿Qué es la ontología trinitaria (OT)?
Del griego «lógos» (palabra, inteligencia) y «ontos» (participio del verbo einai, ser), el lema «ontología trinitaria» expresa el compromiso de captar la verdad del S/ser a la luz del Dios que la Revelación cristiana denomina «Trinidad». Se trata de ejercitar la inteligencia de la realidad mirándola e interpretándola dentro del horizonte de luz abierto por el acontecimiento de Jesús el Cristo, Palabra/Hijo de Dios/Abbá en la efusión del Espíritu Santo.
En la OT, por tanto, se tiene que ver con el S/ser: es decir, con Dios en cuanto es el Ser infinito increado que se revela Agape y en cuanto Agape, Trinidad; y del ser finito creado en cuanto, en Jesús mediante el Espíritu Santo, es hecho partícipe por don (cháris) del Ser infinito y, por tanto, es «trinitizado«.
En la OT la inteligencia del S/ser se manifiesta y se realiza por lo que ella es y está llamada a ser: inteligencia que de por sí implica la libertad de acoger y participar activamente el don que le es hecho, más aún, que ella misma es y está llamada a ser, inteligencia de una verdad que es agape y que implica por ello la libertad del don recibido, acogido, redonado: de modo que se dé como el hacer la verdad en el agape (cf. Ef 4,15).
OT: ¿es teología o filosofía?
La OT no se identifica de forma exclusiva y excluyente ni con la teología ni con la filosofía:
– siendo la teología la forma de ejercicio de inteligencia que ve y dice a Dios (y lo creado desde, en, para Él) a partir del decirse (escatológico) de Dios en Jesucristo mediante el Espíritu Santo;
– y siendo la filosofía la forma de ejercicio de inteligencia que se compromete a decir el sentido y la verdad del S/ser en toda su amplitud a partir de todos los recursos puestos a disposición por la inteligencia misma.
Se puede decir que la OT es «el tercero» entre teología y filosofía. No es asimilable ni a una ni a otra, pero no puede darse sin las dos: es el pensar nuevo fruto del encuentro entre teología y filosofía en el horizonte del decirse/darse del S/ser, que en la OT se reencuentran en su distinción sin separación y en su unidad sin confusión.
La OT nace en el encuentro entre el decirse de Dios y la búsqueda de la verdad del S/ser por parte de la persona humana. Se sitúa, pues, en el umbral entre teología y filosofía, es decir, en aquel lugar de la inteligencia a partir del cual teología y filosofía son instituidas, siendo llamadas a dialogar sobre el sentido y la verdad del S/ser en su originario darse, poniendo en reciprocidad sus recursos específicos. En este sentido, la OT:
– viene antes de la distinción (epistémica y disciplinar) entre teología y filosofía: porque, en su forma más universal, responde a la vocación de ejercicio de la inteligencia que está abierto al y es instituido por el darse del S/ser en toda su amplitud y en su plenitud;
– viene después de la distinción (que siempre como tal permanece) entre teología y filosofía: porque —en su forma más específica— es el fruto maduro de su encuentro dialógico y del intercambio de dones que una hace de lo que le es más propio a la otra, recibiendo así y descubriendo la verdad del S/ser increado y creado en la luz de Jesús el Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, en cuanto en él se da «la plenitud (pléroma) del cumplimiento de todo en todo» (Ef 1,23).
En el espacio de pensamiento instituido e instruido por y en este encuentro entre teología y filosofía en la OT encuentran lugar —en su autonomía epistémica y metodológica— todas las formas de ejercicio de la inteligencia y de la performatividad humana: desde las ciencias (humanas y naturales) hasta el arte. Expresan, en efecto, cada una, un aspecto específico de la inteligencia del ser creado y encuentran su más pleno significado y la relación que las correlaciona unas con otras en la luz abierta por este radical y nuevo pensar.
OT: ¿por qué precisamente hoy?
Si la fórmula es bastante reciente (la hizo célebre Klaus Hemmerle con sus Thesen zu einer trinitarischen Ontologie en 1976), el impulso hacia una verdadera y propia OT de hecho y por principio (aunque ella, en forma auroral y prometedora, es coextensiva al ejercicio del pensar en cuanto pensar) se remonta al origen del cristianismo y atraviesa toda la historia del pensamiento. Baste decir que hoy acontece su kairós (lo profundiza el Manifiesto) porque hoy, como fruto —entre luces y sombras— del camino recorrido hasta aquí:
a) el significado y el destino de lo que somos y vivimos interpelan a la humanidad con una carga de urgencia y de decisividad que, como nunca hasta ahora en la historia, es radical y universal (toca, es decir, la raíz de nuestro ser y a todos nos llama en causa), por lo que existe necesidad vital de un nuevo pensar;
b) el régimen de separación entre teología y filosofía y el conflicto entre saber humanístico y saber científico que ha marcado la modernidad han llegado definitivamente a su fin y, cada una a su modo, la teología y la filosofía son provocadas —so pena de la irrelevancia de la teología, el agotamiento de la filosofía, el imperialismo de una tecnocracia ciega— por la urgencia de este nuevo pensar;
c) y esto se manifiesta en el grito del «¿por qué?» que —gritado o mudo— se eleva desde la «noche oscura» epocal y colectiva del sentido, de la verdad y de la justicia que nuestro tiempo experimenta a todos los niveles.
OT: ¿cómo se piensa en ella?
De lo dicho resulta con toda claridad que la OT se piensa, por lo que es, y en la OT se piensa, por cómo ella va, solo si se la vive, diría más… si se la es: porque la Verdad del S/ser que es Trinidad es Camino que es Vida (cf. Jn 14,6):
– y como Camino exige un recorrido intrínsecamente marcado por tres «p»: pasión, paciencia, perseverancia. Pasión, que significa dejarse tocar, golpear, involucrar libremente; paciencia, que significa atención, espera, don; perseverancia, que significa fortaleza, riesgo, compromiso;
– y como Vida exige ejercitar el arte entre todas la más bella y más alta: el diálogo (con Dios en la oración o en todo caso en la escucha del Misterio, y en el recíproco cuidarse unos de otros), que es ejercicio de silencio y de escucha, de acogida y discernimiento, de palabra y comunicación —en el amor siempre.
Por esto la OT se aprende ejercitándola en un lugar, en un aula de estudio e investigación que es palestra de pensamiento siendo palestra de vida y de amor: un laboratorio en el que todos y cada uno son actores y protagonistas, responsables en el propio camino unos de otros en reciprocidad.
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