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Habitar la reciprocidad

Hacia la fuente de la sinodalidad

Colección

Antropología Trinitaria, 6

Autores

P. Coda, T. Bertolasi, M.C. Lucchetti Bingemer, D. López, A. Mingo, R. Tomichá Charupá, G. Zarazaga

Editores

T. Bertolasi y S. Vargas Andrade

Editorial

EDUCC

Año

2024

Puesto que solo el Hijo conoce al Padre: es decir, solo aquellos que se reconocen como Hijo, precisamente así conocen y reconocen al Padre como Padre, se deduce que aquí se establece una reciprocidad entre el Padre y el Hijo que aúna la asimetría del origen en la simetría cooriginaria del don libre y total.

No solo porque el Padre lo da todo al Hijo, sino porque el Padre es Padre, mientras que el Hijo lo conoce y lo reconoce como tal. Tal reciprocidad no se replica sobre sí misma, sino que está intencionalmente abierta y comunicada de la misma manera.

Es una reciprocidad que se verifica en el mismo acto de suscitar y comunicar las dinámicas de libertad y de gratuidad en las que se expresa, según el propósito de la oración: nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera revelárselo. Pero… ¿qué comunica el Hijo? Desde los primeros siglos hubo quienes remitían esta novedad tanto al Padre como al Hijo, para que lo revelado por Jesús fuera su relación recíproca.

Como muestran las tradiciones paulinas y joánicas, esto se da gracias al Espíritu Santo. De ahí que todos sean hermanos y hermanas, y así deben permanecer, sin poder reivindicar ninguna forma de privilegio o superioridad.

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